ElCh'ukuta.com
PERIODISMO CIUDADANO

Cultura

Internacional del Teatro 2016 (FITAZ) que va más allá que contar historias...

Del 14 al 24 de abril se desarrollará la décima edición del Festival Internacional del Teatro 2016 (FITAZ) donde renacerá a gran escala la actuación e...

Deporte

Cada fin de semana, en ocasiones desde el jueves. Desde tempranito, hasta que se pone el sol. De un barrio a otro y de una cancha a la otra. Con horar...

Rommel Coca: ?El taekwondo creció bastante estos años, pero disminuyó debido a la tecnología? ...

Ciencia y Tecnología

Como funciona Spaces, la nueva apuesta de Google......

CRÓNICAS TARIJEÑAS: Alejandro y Esperanza, ¿polos opuestos?

2015-01-09

Dos historias muy distintas, separadas no por la edad sino por el grado de educación, derivan en resultado similar: el desencanto y la frustración a la hora de encontrar un empleo.

Nils Puerta Carranza, Tarija
Camino desesperadamente por las calles de la ciudad de Tarija. Es temprano pero no para mí, pues tengo una entrevista de trabajo. A las 6.00 no hay micro y como no tengo dinero para pagar al taxi he tenido que caminar unas 15 cuadras para llegar a la céntrica "Panadería Anita", lugar de la cita.

Con cinco minutos de retraso estoy frente al administrador que me atiende cordialmente y me dice que espere en el pasillo hasta que llegue el dueño.

Siento alivio, me limpio el sudor de la cara producto de mi carrera las últimas cuatro cuadras y heme aquí, sentado, esperando la oportunidad que no puedo perder. 

Tengo que agradecerle a mi amigo Juan por esto; él me hizo la "gauchada" de contactarme y programarme una entrevista con el dueño de la panadería. Juan vende el pan a las tiendas y me dijo que necesitaban un diseñador de páginas web y el dueño quería que además le hagan publicidad gráfica.

Miro el reloj colgado en la pared: ya pasó una hora y comiéndome las uñas estoy pensando en cómo voy abordar al dueño para convencerlo de que yo soy el mejor para el trabajo. Estoy en ese ejercicio de cavilación cuando siento que se abre la puerta principal de la panadería y se perfila la silueta de un señor de aproximadamente 60 años; deja su saco en el colgador y ese ademán permite que nos miremos fijamente. Con un tono sereno me pregunta si soy Alejandro, asiento y en tono de voz que creo contundente respondo: "Sí", monosílabo que resume un efectivamente soy Alejandro y vengo por el trabajo.

Don Pedro, así se llama, me hace pasar a su oficina que luce muy desordenada.

Dime muchachito, ¿cuántos años tienes? 18 años, señor.

¿Tienes padres, hermanos, es decir, familia? Claro que sí señor, mis papás y cuatro hermanos, pero no viven en esta ciudad, yo vivo solo aquí con mi chica que está esperando un bebé.

¿De dónde eres, dónde naciste? Soy tarijeño señor, pero desde chiquito viví en La Paz y Cochabamba, debido al trabajo de mi papá, que también es chapaco.

¿Cómo me dijiste que apellidas? Susachs, señor.

¡Ah! Me suena ese apellido. Y ¿te sientes preparado para el trabajo que necesito?, por tu edad no te pregunto si eresprofesional, pero sé que esta juventud maneja muy bien eso de la tecnología y como no tengo mucho presupuesto para disponer en este trabajo, accedí a que Juan me mostrara algunas cosas que haces en diseño gráfico por internet.

Bueno… sí, la verdad estoy queriendo entrar a la Carrera de Informática, lo de diseño lo aprendí con mi tío, que es artista en mis momentos de ocio. Luego, con práctica salen las cosas, dediqué el tiempo necesario para manejar adecuadamente los programas y a la gente le gustó. Tuve algunos trabajos que si me permite se los voy a mostrar.

"No están mal", comenta don Pedro y pregunta si soy bachiller. Esa pregunta es como una daga que me perfora el alma y con tono entrecortado le digo: "No".

El dueño de la panadería me pregunta que por qué y me comenta que le parece extraño por cuanto me considera una persona inteligente. Fue por culpa del amor, me explico, ocurre que mi pareja fue compañera de curso y decidimos estar juntos hasta la hora de nuestras muertes.

El hielo se ha roto, nos reímos y don Pedro me cuenta algo de su vida. Suena el celular, responde y poco a poco su semblante alegre va ensombreciéndose. Cuando cuelga, el silencio se impone en la caótica oficina. He escuchado lo suficiente de la charla para entender que un sobrino de la esposa quiere el trabajo. Me invento algo rápidamente para salir del paso: "Voy a cobrarle 7.500 bolivianos"; al escuchar levanta el rostro y me dice que el sobrino lo hará por la mitad. Guardo mi portátil en la mochila.

Don Pedro me acompaña hasta la puerta y me trata como si fuera mi padre. Con una sonrisa forzada y algo perturbado le agradezco por sus consejos de que estudie, salgo de la "Panadería Anita" para retomar el ritmo de la ciudad.

Camino por las calles y me acuerdo que hace una semana anoté, por si acaso, la dirección de un trabajo como recepcionista en un hotel de tres estrellas. Hacia allí voy.

Con logros profesionales pero sin beneficios laborales

Me llamo Esperanza y voy a cumplir 30 años. Tengo dos profesiones y una maestría. Nací y crecí en una provincia de Tarija, pude asistir a un centro escolar con formación de excelencia en Cochabamba, asistir a la universidad y salir fuera del país.

Mi historia es simple. Entré al colegio de jesuitas Juan XXIII gracias a una beca y me reuní con estudiantes de diferentes zonas rurales de Bolivia, entre los que se iba a formar líderes para el país. Me acuerdo que iniciamos 70 alumnos en dos cursos paralelos y seis años después salimos bachilleres sólo 24. Empecé a estudiar Medicina en Cochabamba, pero sin recursos propios tuve que retornar a Tarija. Así, de pronto, de las comodidades del colegio pesé a una vida de pobre; mis padres me apoyaron para que estudiase en la Universidad Autónoma Juan Misael Saracho; en realidad sólo debían solventar mi alimentación. Entre las carreras había Enfermería, pero no Medicina ni Odontología; de todas maneras éstas son muy costosas, así que opté por la obvia.

El primer año, sin dinero para el transporte, iba caminando. El segundo año tuve mi primer empleo como ayudante de cátedra, lo que me posibilitó vivir mejor. Apenas concluí los estudios, me fui a Cochabamba y estudié Derecho.

Trabajé más de tres años en la institución Pro Mujer mientras estudiaba Derecho. Me titulé con notas de excelencia. Renuncié al trabajo y me fui a España, jovencita y con dos títulos. Encontré trabajo con facilidad y pude homologar mi grado académico de enfermería sin dificultad. Al principio atendía a adultos mayores que padecen Alzheimer, y aun sin tener la residencia legal, valoraron el trabajo y respetaron mis derechos laborales.

Trabajé casi dos años y logré acumular el suficiente dinero para solventar mis estudios de posgrado. Por el sistema académico, tomé la decisión de dejar el trabajo y dedicarme a la maestría en Derecho Procesal Civil, que finalicé sin contratiempos.

Opté por volver a Bolivia, extrañaba mucho el país. Vi entonces que el sistema de empleo ¡es horrible! El Colegio de Abogados exige dos años de trabajo, así que me empleé como subalterna en un bufete de abogados en Cochabamba. Volví a Tarija, donde mi hermano me sugirió emplearme en un instituto. Mandé mis papeles y a los tres días me contrataron con un salario de Bs 2.000 a tiempo completo, sin seguro, sin aportes sociales; acepté como proyección para ingresar como docente a la universidad y espero lograrlo.

Creo que ha sido un error retornar. Mi percepción es que las condiciones laborales en Bolivia son injustas, los salarios bajos, indignos y sin proyecciones; además, cuanto más te cualificas, hay menos espacios.

 

Coméntanos en FaceBook

Este diario es un espacio abierto para toda la ciudadanía que desee comunicarse o transmitir información de su barrio, de su zona o de su ciudad.
Envíanos tu noticia o tu opinión que con gusto las publicaremos.

Envia tu nota desde aquí

Últimas noticias

Foto de la semana

Línea amarilla a menos de una semana de inauguración

Opinión

Clamor por la quinua

Jorge Mansilla Torres/2014-12-08

Los bolivianos deberíamos suscribir un manifiesto en defensa de la integridad de la quinua, ahora que la desquician los infectados por el virus de la ...

Nacho García (seudónimo) tiene licenciatura en administración de empresas, pero su pasión lo llevo a estudiar la carrera de artes en la UMSA, porque t...

Inicio

Local /

Nacional /

Mundo /

Deporte /

Tecnologia /

Cultura /

 

 

 

Esta iniciativa se desarrolla con el apoyo de: